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14 millones de Santos en conferencia

Miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se preparan para su Conferencia General Anual número 182.

Según sus estadísticas, la Iglesia tiene más de 14 millones de fieles en todo el mundo y durante abril celebran una conferencia que, aunque se efectúa en la ciudad de Lago Salado en Utah, Estados Unidos, es transmitida vía satélite a más de 83 países con traducción simultánea en 80 idiomas. Esta señal es recibida en más de 5 mil centros de reuniones o capillas a lo largo del mundo. Sólo  en el Centro de Conferencias, lugar desde donde se transmite la señal, más de 100.000 personas participan en vivo de la reunión, durante las cinco sesiones de la misma. De hecho, las personas hacen largas filas para ingresar al mencionado Centro de Conferencias.

Michael Otterson, columnista del Washington Post, y Director de Asuntos Públicos de la Iglesia, en uno de sus artículos hacía la pregunta: ¿Hacer filas? ¿Para entrar a la Iglesia?Aunque parezca increible en estos tiempos, es la realidad.  Es que esta conferencia no es la típica reunión dominical de los mormones, sino que la oportunidad de escuchar a los más altos líderes de la Iglesia. Un tiempo para escuchar, para meditar, para aprender.

En estas conferencias los sermones o discursos son acerca de Jesucristo, de aumentar la fe en Él, de ser más caritativos, de prestar más servicio a los semejantes, de arrepentirse, de perdonar, etc. También, en ocasiones se habla de temás aparentemente no tan espirituales; así se puede escuchar, por ejemplo, a las autoridades de la Iglesia decir en sus mensajes: eviten las deudas, sean trabajadores dignos de su salario, almacenen alimentos, sean honrados en sus tratos con sus semejantes...

Estos discursantes, anota Otterson, son los líderes de la Iglesia, ya sea que se trate de los tres hombres que componen la Primera Presidencia, los Doce Apóstoles y/o los Setenta (que tienen paralelos en el Nuevo Testamento), son mirados por los miembros de la misma manera en que los primeros cristianos  consideraban a los apóstoles llamados por Jesus para servir entre ellos. Estos líderes, continúa el columnista, no son infalibles y ninguno declara serlo, pero por muchos meses han meditado y orado para saber que mensaje entregar a esta vasta congregación. No se ponen de acuerdo entre sí y cada orador, ya sea mujer o hombre, busca inspiración al escoger el tema, confiando en la oración y las experiencias que han tenido en sus vidas.

Para los Santos de los Últimos Días, las palabras que escuchen tendrán un significado aplicable a sus propias vidas, saldrán renovados, fortalecidos y agradecidos de tener apóstoles y profetas que enseñan la palabra de Dios en estos días.

 

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