Comunicado de Prensa

El primer Templo Mormón en México

“El 25 de Noviembre de 1979, quedará registrado en la historia de la Iglesia como un día memorable y glorioso para todos los lamanitas de México y Centroamérica…” Éstas fueron algunas de las palabras que se mencionaron por parte del Pdte. de la estaca Aragón, Isaías Lozano Herrera el día de la primera palada del Templo de la Ciudad de México.

Para poder entender un poco más la historia, las promesas y cada una de las pruebas y circunstancias que se enfrentaron para poder erigir el primer recinto religioso mormón en México; tendremos que remontarnos varios años atrás. Pasaron diez años antes de su dedicación, cuando se comenzó a gestionar la posibilidad de poder construir el primer Templo en México, y no fue hasta el apostolado del presidente Spencer W. Kimball cuando dicha gestión tuvo éxito.

Para que la Iglesia tuviera autorización de comenzar la construcción del Templo y todo lo que ello implicaba, diferentes autoridades de gobierno fueron invitadas para visitar las instalaciones de un Templo Mormón en Washington y notaran como son sus construcciones. Los planos para la edificación del primer Templo mormón en México y el  Centro para Visitantes fueron presentados para su aprobación ante la Secretaria de Asentamientos Humanos y Obras, en Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural (en ese entonces). La presencia del primer Templo mormón a  construir en la Ciudad de México generó una gran atención por parte de dicha Secretaria y en respuesta a esto se designaron a veintidós personas entre arquitectos, ingenieros y dibujantes; para dedicarse  únicamente al trabajo y revisión de esta obra.

Durante este periodo, se sostuvieron  varias pláticas con el director del ramo de la Secretaria, quien concede los permisos de apertura al culto público en cuanto al Templo; poco después, al abogado consultor de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Martínez Báez, se le otorgó el nombramiento de asesor legal del Ministro de esa Secretaria de Estado. Cuando al Presidente de la Iglesia Spencer W. Kimball se le informó dicho acontecimiento exclamó: “parece increíble como el Señor va abriendo caminos para que se abran las puertas de un Templo en México para los Santos de esa región”

Entre algunas  de las experiencias que se pudieron apreciar en los inicios de la apertura de un nuevo centro religioso en México, es sobresaliente  la admiración que manifestó el ministro encargado del culto público,  por el diseño prehispánico que tendría el Templo, con el fin de no perder sus raíces ancestrales mexicanas. No se parecía en nada a la arquitectura de todas las demás denominaciones religiosas _dijó_ y es destacable mencionar que dicho  director de la oficina del ramo de Cultos, siempre tuvo en su oficina, una fotografía del Templo hasta el día en que fue relevado.

La idea de que la arquitectura del templo tuviera un diseño maya llegó gracias al arquitecto Emil B. Fetzer (autor de los planos). Éste consideró que el diseño debería ser algo que representara la herencia ancestral mexicana y diera originalidad al proyecto; de igual forma, el autor del diseño prehispánico del Templo, mencionaba que dicha edificación es única en su género, ya que ningún otro edificio mormón está inspirado en la arquitectura nativa; la idea fue presentada ante el presidente Kimball quien  aprobó el singular diseño arquitectónico. Es importante mencionar que este  diseño maya que posee el Templo no alude a ningún simbolismo ritual;  cada greca, línea o figura no representa sino sólo la sencilla belleza de la arquitectura mexicana, remontada a sus raíces.

La primavera de 1977 llegó con la noticia de que se edificaría  el primer templo mormón en México; el anuncio oficial de la construcción apareció en la edición de 1979 en el “CHURCH NEWS” y de igual forma se anunció de manera oficial en una asamblea ofrecida en el Salón “El Sol” del  hotel Camino Real de la Ciudad de México. Dicha reunión inició a las ocho de la mañana y finalizó a la una de la tarde; asistiendo todos los miembros de la Primera Presidencia, presidentes de estaca de todo México y Centroamérica, así como los presidentes de misión de estas dos regiones;  los representantes regionales y los jefes de Gerencias de Construcción, Mantenimiento, Facilidades Físicas; Financiamiento, Compras Y Bienes Raíces.

Durante esta reunión, el Presidente de la Iglesia Spencer W. Kimball se dirigió a los asistentes con estas  palabras de inspiración y reconocimiento ante dicho acontecimiento: “Es una gran ocasión para la Presidencia de la Iglesia, el que se haya anunciado este día por mucho tiempo esperado; el asombroso crecimiento en México en estos  últimos años; cada vez que veníamos percibíamos  un grupo cada vez más fuerte, extendido, con  líderes aptos y virtuosos, hábiles y diestros; maduros en experiencia.

 Se habló de igual forma sobre ciertos costos económicos y se les preguntó a los presentes si estarían dispuestos a apoyar financieramente la obra. Era una cantidad cercana a los  ochenta y cinco millones de pesos para un costo total,  considerando además una posible inflación; por lo que los cálculos podrían aumentar. Y  ya que esta reunión era “de consulta” se pidió la opinión de los diferentes presidentes de estaca y presidentes de misión, para  dar a conocer sus sentimientos y pensamientos de esta nueva obra en México.

Respecto a los conductos  de  comunicación con respecto al Templo, la Primera Presidencia, dentro de la misma asamblea, mencionó los nombres de las personas que servirían como canales para la radio, televisión, periódicos, incluyendo al Gobierno Federal;  los  hombres designados fueron el Lic. F. Burton Howard y Lic. Agrícol Lozano H.

La búsqueda del sitio adecuado para iniciar la construcción del Templo se asignó al Lic. F. Burton Howard y al encargado del departamento de Bienes Raíces Gaspar R. McClellan; se pensó en varios sitios de la Capital, en la zona metropolitana e incluso en ciudades como Cuernavaca, Cuautla y Puebla, pero al final,  Salt Lake City decidió que fuese en la Ciudad de México. Una vez que la zona metropolitana había sido designada para construir ahí el Templo, se escogieron seis lugares:

  • El primero fue ubicado en Avenida Cerro de Jesús, entre el centro de estaca Churubusco y la escuela primaria del sistema educativo de la Iglesia “Presidente  Lerdo de Tejada”.
  • El segundo lugar, localizado enfrente del Auditorio Nacional, aduciendo que era el terreno más hermoso,  aunque el más reducido en espacio.
  • El tercer sitio estaba  en la colonia Polanco, toda una manzana que perteneció a un colegio por ese  entonces recién  desaparecido.
  • El cuarto lugar fue el terreno del Rancho “El Arbolillo”, ahí _se dijo_ el Presidente Kimball permaneció varios minutos examinando el lugar, sin embargo ninguna decisión aun se tomaba.
  • El quinto sitio en la calle Riobamba, colonia Lindavista, era un sitio hermoso, rodeado de vegetación, apartado del ruido e ideal para el  recogimiento espiritual.
  • El sexto y último lugar fue el sitio donde hoy en día se encuentra el Templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en México

El Presidente Kimball al llegar a este último lugar expresó un gran asombro, visitó calle por calle de la Unidad habitacional Aragón por tres veces, hasta la Unidad llamada “Valle de Aragón”. Las personas que iban con él aseguraban que las cosas que le impactaron al Profeta, fue el número de conversiones que existía en esa zona, donde dieciocho meses atrás no existíaningún miembro de la Iglesia; asimismo le llamó la atención la gente de la vecindad en cuanto a la clase social, sociabilidad, limpieza del área etc, y finalmente, después de estar ahí por varias horas, caminando incluso entre la tierra y las calles cercanas a este lugar; el Profeta Kimball tomó la decisión de que el sitio era el adecuado para iniciar la construcción del primer Templo en tierra azteca.

El día veinticinco  de noviembre de 1979, cerca de dieciocho mil miembros de la Iglesia de las estacas Veracruz-México, desde la cuatro de la mañana, acudieron a la ceremonia de la primera palada para el Templo de la Ciudad de México.

Asistieron también a esta ceremonia, el Apóstol Boyd K. Packer como representante de la Primera Presidencia y el Élder Scott quien dirigió el comité del primer Templo en México, a falta del presidente del Templo. Se contó con la asistencia de las Autoridades Generales supervisoras de Área, Élderes William R Bradford y Richard Gordon Scott; F. Burton Howard, Emil B. Fetzer, arquitecto diseñador del Templo y Centro de Visitantes, W. Gordon Christensen, Director de Asuntos Temporales en México, casi todos los Representantes Regionales de los Doce, los presidentes de Misión de México y Centroamérica, las presidencias de estaca, obispados y muchos funcionarios de la compañía constructora, entre miles de Santos de los Últimos Días.

Como crónica anecdótica de ese día, fue impresionante ver al personal de la Clínica 29 del Seguro Social, asomarse por las ventanas, escalinatas y el vestíbulo de ese edificio, que da al frente del Templo, durante las dos horas que duró la ceremonia. El Élder Richard G. Scott, uno de los oradores de esa mañana dijo: “Estamos sumamente agradecidos al Señor por este momento tan histórico en la Iglesia y en el País… cuando nuevamente tendremos un Templo, una “Casa del Señor” y un Centro de visitantes aquí, en este hermoso lugar”.

“…hace casi 150 años que se inició la construcción del primer Templo de esta Dispensación… este será el Templo número veintiuno  de la Iglesia… Cuando se empezó a diseñar el edificio el presidente Kimball me abrazó y me dijo cuánto amaba y le complacía este diseño, y qué tan importante era para el pueblo de México…”  refirió el arquitecto Emil B. Fetzer.

La oración dedicatoria de este trascendental evento fue ofrecida por el apóstol Boyd K. Packer quien menciona en ella las promesas y bendiciones que el pueblo mexicano tendría gracias al primer Templo en esta tierra y todas las responsabilidades que los santos adquirían desde ahora.

El área sobre el cual está construido el Templo es de veinte mil metros cuadrados aproximadamente; cuenta con cuatro salas de sesiones, el salón celestial, y doce salas de sellamientos con diferentes dimensiones.

Si abundamos un poco más en la arquitectura que tiene este  primer Templo en México, hablaremos sobre la forma como está construido el ángel Moroni y las singulares características  que posee. A diferencia de otras efigies en los demás templos del mundo, el ángel está hecho de bronce, tiene una altura  de 6.25 metros y su peso es de una tonelada y media. Una de las características especiales del ángel Moroni del Templo de México es que aparece con las planchas de bronce en una mano a diferencia de los otros.

Era importante que la Iglesia, tras haber iniciado la construcción de un Templo donde poder realizar cada convenio contenido en el Libro de Mormón, tuviera también un recinto en el que los no miembros de la Iglesia pudieran saber un poco más de las ordenanzas y convenios  que se realizan en la “Casa del Señor”;  por lo que se decidió construir a la par que el Templo “El Centro de Visitantes”, cuyo primer presidente fue Héctor Paredes R., acompañado de  su esposa. Hasta el momento han pasado más de diez presidentes en este sagrado recinto.

La acústica de ambos edificios (Templo y Centro de Visitantes), invita a las personas que lo visitan, al reverente silencio, tan necesario para la reflexión  y el aprecio del contenido y significado de dichas construcciones.

El viernes siete de octubre de 1983, fue el día de la dedicación del “Centro de Visitantes”, sin embargo, el sitio ya había estado abierto a todo público dos meses antes. A esta ceremonia acudieron:  el Apóstol Marvin J. Ashton, del Consejo de los Doce, administradores ejecutivos de México, representantes regionales, la Presidencia del templo y del Centro de Visitantes, presidentes de misión, presidentes de estaca y cientos de miembros de la Iglesia de gran parte del País.

El día dos de diciembre de 1983,  tan sólo dos meses después, se realizó la dedicación del tan esperado centro espiritual mormón: el Templo;  la oración dedicatoria estuvo a cargo del entonces Profeta de la Iglesia Gordon B. Hinckley, el cual dijo:

“Te damos gracias por esta gran Nación, la República de México. Bendice a los que gobiernan, que se sientan inspirados a hacer lo que asegurará la paz y la libertad para el pueblo de esta tierra, y el crecimiento continuo de Tu obra. Padre, te damos gracias por los muchos miles en esta parte de Tu viña, cuyos corazones han sido tocados por el poder de Tu Espíritu y que han tomado sobre sí el nombre de Tu Hijo Jesucristo”

La historia de la Iglesia en México comenzó mucho antes: Con la llegada de ésta a Chihuahua, con los sacrificios de los cientos de pioneros mormones en medio de conflictos nacionales como el de la Revolución; sin embargo, la llegada del primer Templo demostró el sacrificio y el agradecimiento que los mismos líderes enseñaron a los Santos. Una obra de predicación, de ayuda espiritual y  oficial  que permitió que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en México pudiera crecer aún más, permitiendo ahora que dicho desarrollo tenga un mayor alcance e inspiración en el corazón de los mexicanos y gente de otras nacionalidades.

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