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Las familias con niños son más felices, dice estudio

El estudio fue presentado en la reunión anual de la Asociación Americana de Población y fue recientemente citado en USA Today.  Un diario portugués se refirió a estos estudios en la edición electrónica del 15 de mayo de 2012, día en el que se celebra el día Internacional de la Familia.

En los dos estudios citados fueron entrevistados miles de parejas que viven en los Estados Unidos de América y en Alemania.  Las conclusiones parecen indicar que las familias que optan por tener hijos tienen más felicidad, bienestar y satisfacción en comparación con familias sin hijos.  Sorprendentemente, o tal vez no, es el hecho de que uno de los dos autores del estudio, Chris Herbst, investigador de la Universidad del Estado de Arizona, concluyó que no son las familias con hijos las que son más felices, más bien que el nivel de la felicidad y la realización de la familia sin niños tiende a ser menor.

"Por experiencia propia mi esposa y yo nos consideramos una familia muy feliz y bendecida porque decidimos tener hijos.  Nuestros hijos son sin ninguna duda lo que más contribuyen a este sentimiento de felicidad y bienestar, dijo uno de los entrevistados".

En 1995, La Primera Presidencia y el Quórum de los  Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días presentaron la declaración conocida como  “La Familia Una Proclamación para el Mundo”.  Esta proclamación declara y reafirma las doctrinas y prácticas que los profetas expresaron repetidamente en toda la historia de la humanidad. Esta Proclamación contiene principios vitales para la felicidad y bienestar de cada familia. Unos dos párrafos del texto dicen textualmente:

El Esposo y La Esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos” (Samos 127:3). Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.

En el párrafo siguiente se presentan las condiciones básicas y esenciales para que como familias tengamos  éxito y por consecuencia fortalecer la sociedad.

“La familia fue ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es  esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con fidelidad completa. La felicidad  en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo.  Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto , el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes”.

M. Russell  Ballard, miembro de la Iglesia de Jesucristo y reconocido como un apóstol, afirmó en la última conferencia general de la Iglesia  en abril de 2012 dijo lo siguiente:  “claro está que la sociedad en general se fortalece a medida que las familias se hacen más fuertes.  Los compromisos familiares y los valores que se enseñan son la causa básica.  Casi todo lo demás se ve afectado. Cuando las parejas se casan y contraen compromisos mutuos, aumentan en gran medida sus posibilidades de bienestar económico.  Cuando los niños nacen dentro del matrimonio y tienen a los dos, a una mamá y un papá con ellos sus oportunidades y su probabilidad de éxito en el trabajo aumentan considerablemente. Y cuando los integrantes de la familia trabajan y se divierten juntos, los vecindarios y las comunidades prosperan, las economías mejoran, y se requieren menos subsidios del gobierno y menos programas costosos.

Los resultados de este estudio sirven de reflexión en un tiempo y época en que se habla tanto de la crisis de falta de autoridad.

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