Perspectivas

Sociedad Civil: La fe en la plaza pública

Tercero de una serie de tres partes sobre la práctica de la vida ciudadana

"Cuando la religión refuerza valores, construye comunidades, crea redes educativas, motiva a la gente a la acción social y al trabajo filantrópico, está hablando a los mejores ángeles de nuestra naturaleza" - Rabino Jonathan Sacks [1]

¿Dónde ocurre la religión? Algunos podrían decir que en la iglesia, o una sinagoga, mezquita o monasterio. Otros dirán que ocurre en casa o incluso en la soledad de su corazón. La gente de fe ora, escucha sermones, estudia las escrituras y realiza rituales en sus propios lugares de culto. Pero la religión no termina allí. La vida religiosa se traslada al ajetreo y ruido de la sociedad. La religión, por lo tanto, pasa dondequiera que las personas están.

Mucho más allá de las paredes de la iglesia, los individuos y las organizaciones religiosas construyen hospitales y escuelas, operan organizaciones benéficas y refugios, empresas y centros de investigación, grupos de jóvenes y enseñan programas de alfabetización, distribuyen ayuda humanitaria en todo el mundo y encuentran trabajo a los desempleados.

Tales esfuerzos han sido durante mucho tiempo parte de nuestra plaza pública. El profesor Paul Rowe escribió, "las contribuciones religiosas a la sociedad civil son indispensables para mantener tanto la dignidad de respeto a las tradiciones religiosas y un compromiso normativo con el progreso social en la sociedad humana." [2]

Sin embargo, la influencia de la voz religiosa no es algo que se debe dar por sentado. Todavía se tiene que demostrar su valía en el mercado de las ideas.

 

Cada día al salir de casa, las personas entran en sociedad. Traen consigo una serie de creencias, motivaciones, intuiciones y convicciones morales. Lo que creemos y las opiniones que mantienen la forma del discurso de nuestras comunidades. Los compañeros de trabajo pueden argumentar acerca de la separación de iglesia y estado, vecinos pueden debatir el propósito del matrimonio y los  miembros de la junta escolar debaten qué tipo de valores deben ser enseñados en el plan de estudios. La prueba de una sociedad civil es dejar que cada voz diga lo que tenga que decir.

La experiencia religiosa de una persona varía de acuerdo al tiempo, lugar y cultura. Y puesto que cada uno tiene creencias acerca de las preguntas fundamentales de la vida, debemos permitir a todos el espacio para expresarlos. El ejercicio libre de la religión tiene más sentido cuando a las personas se les permite asociarse libremente con quien les plazca. Y la libertad de expresión sólo tiene sentido cuando también se protegen las creencias detrás de ese discurso. Fallamos cuando las personas no se atreven a decir lo que piensan o a practicar su fe a causa de la intolerancia o la intimidación.

Es importante honrar la expresión religiosa. Gran parte de lo que es bueno en la sociedad crece desde el suelo de la fe. Oraciones y meditaciones dignifican algunas de las ceremonias públicas más solemnes. Los líderes políticos invocan la bendición de Dios en tiempos de crisis. Los rituales religiosos marcan los momentos cruciales de la vida, el nacimiento, matrimonio y muerte. Nuestra comprensión de los derechos humanos se debe a los ideales religiosos.

Aunque muchos piensan en la religión como algo que ocurre sólo dentro de una iglesia, la práctica real de la religión va mucho más allá. En una sociedad plural no podemos vivir juntos con nuestras diferencias más profundas a menos que seamos capaces de compartir con los demás nuestras más altas aspiraciones.

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[1] In Jack West, “Confronting Religious Violence: An Interview with Rabbi Lord Jonathan Sacks,”Religion & Politics, Jan. 5, 2016.

[2] Paul S. Rowe, “Can We Co-exist? Religion, Civil Society, and Global Order,” chapter in Towards the ‘Dignity of Difference’? Neither ‘End of History’ nor ‘Clash of Civilizations,’ Mojtaba Mahdavi and W. Andy Knight, eds. (2012), 309-31.

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