La Sala de Prensa Blog

Los Templos Mormones son Edificios Apartados

Articulo escrito por Michael Otterson para el Washington Post, donde nos habla sobre la particularidad de los Templos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Publicado originalmente el 2 de abril de 2012.

En esta semana otro nuevo Templo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días abrirá sus puertas al público en general para hacer recorridos antes de que sea dedicado, esta vez será en Kansas City, Missouri.  Una vez que haya sido dedicado ya no estará abierto al público sino solo a los miembros de la Iglesia que estén autorizados a entrar.  Para algunos, les parece curioso que sea un lugar de adoración y que sin embargo no abran sus puertas a todas las personas.  Éste puede ser un buen momento para explicar.

Los templos Mormones vienen en todas las formas y tamaños.  Desde el edificio de granito de seis espirales icónicos ubicado en la Manzana del Templo de Salt Lake City, al altísimo edificio de mármol blanco, familiar para aquellos que transitan por el periférico de Washington, D.C., a los templos más pequeños en lugares inverosímiles como Nukualofa en Tonga o Hong Kong.

En total, los templos Santos de los Últimos Días ahora suman cerca de 150 construidos o bajo construcción – más de la mitad han sido terminados o emprendidos durante los últimos doce años.  Todos, sin importar la arquitectura o el lugar, tienen un rasgo externo común que los identifica.  Arriba o cerca de la entrada principal, grabado en letras mayúsculas, está la inscripción: “Santidad al Señor.  La Casa del Señor”.

Los eruditos de la Biblia reconocerán estas palabras. En los días de Moisés la frase “Santidad al Señor” era grabada en una especie de banda o corona que era usada por el sumo sacerdote, cuyas obligaciones e investidura están descritas en detalle en los libros de Éxodo y Levítico del Antiguo Testamento.  Aun cuando el oficio de sumo sacerdote ha dejado de existir entre los judíos, esas palabras grabadas en los templos de los Santos de los Últimos Días tienen un mundo de significado.

La palabra en inglés “santo” no captura por completo la intención de los hebreos antiguos.  El uso de la palabra “santo” en inglés ciertamente asocia objetos o personas con lo sagrado, como en la adoración.  Pero el hebreo original (kah-dash), griego (hagios) y latín (sanctum) conllevan el sentido adicional de algo separado o “puesto aparte” para propósitos sagrados.  Los Santos de los Últimos Días comprenden las palabras “Santidad al Señor” dentro de este contexto.  Los templos son lugares consagrados, dedicados y puestos aparte para propósitos sagrados y cuando los que asisten al templo pasan por sus puertas ya ellos se han apartado mentalmente.  ¿Apartado de qué?  De las distracciones del mundo, de lo profano y materialista y han, por el contrario –como lo expresó con urgencia el Apóstol Pablo a sus seguidores –con el fin de fijar sus afectos “en cosas de arriba, no en cosas sobre la tierra””.

Hace algunos años un líder de mi Iglesia lo dijo bastante bien: “Santidad es la fuerza del alma. Viene por medio de la fe y a través de la obediencia a las leyes y ordenanzas de Dios.  Dios entonces purifica el corazón por la fe y el corazón llega a ser purgado de todo aquello que es profano e indigno.  Cuando se logra la santificación sujetándose a la voluntad de Dios, uno sabe intuitivamente lo que es malo y lo que es bueno delante del Señor.  La santidad habla cuando hay silencio, animando lo que es bueno y reprobando lo que es malo”.

¿No es esta la misma razón por la que cruzamos los umbrales de cualquier Iglesia? No, no exactamente.  Existen muchos miles de capillas Santos de los Últimos Días, o centros de reunión, por todo el mundo, y por supuesto como las demás iglesias son tratadas con reverencia y respeto.  Nuestros edificios típicamente incluyen un salón para servicios dominicales públicos, salones de clases, una cancha para basquetbol y una cocina para dar servicio a actividades recreativas durante la semana.  Para los Santos de los Últimos Días, estos edificios son parte para adorar y parte un centro para la comunidad y todos son bienvenidos para unirse a nosotros en adoración y comunión.

Ningún Santo de los Últimos Días consideraría un templo como un centro para la comunidad. Para el Santo de los Últimos Días que asiste al templo, el cruzar el umbral de un templo va acompañado de un sentimiento totalmente diferente que caminar a través de las puertas de una capilla para adoración en domingo. Para empezar, no asistimos al templo en un día en particular de la semana.  No hay un itinerario para asistencia al templo y no existe una expectativa de una frecuencia que vaya más allá de la motivación de cada persona.  La asistencia al templo no es un asunto de calendario sino de un deseo personal de compromiso más elevado a Dios.  En un servicio semanal de adoración en domingo, nuestra participación en tomar la “comunión” o “sacramento” como nosotros lo llamamos, es un acto de reconciliación, un recordatorio del sacrificio de Jesucristo así como un gesto simbólico que invita la influencia del Espíritu Santo en nuestras vidas durante la siguiente semana.  En el templo, sin embargo, “Santidad al Señor” engendra algo más – un entendimiento de que no solo vamos a tratar de vivir nuestra religión durante otra semana, sino que estamos a punto de hacer promesas personales a Dios de consagrar y dedicar nuestras vidas completas a Él.

En última instancia demostramos nuestra lealtad y devoción a Dios observando lo que Jesús describió como el segundo gran mandamiento -- amar a nuestro prójimo --.  Hombres y mujeres a través de los tiempos han buscado lugares de santuario espiritual, libres de las tentaciones del mundo de afuera, en donde ellos puedan acercarse a Dios.  Órdenes monásticos y conventos son una manifestación de esto.  Sin embargo, los Santos de los Últimos Días ven al templo no como un lugar de retiro permanente, sino un lugar de convenios personales, en donde durante una o dos horas se pueden sumergir en comunión con Dios, rendir servicio ceremonial para los que han dejado esta vida, y unir a las familias para la eternidad a través de ordenanzas sagradas.  Paradójicamente, el efecto que resulta de la adoración en el templo no es un retiro o aislamiento del mundo, sino impulsa al creyente a volver a entrar al mundo estando mejor preparado para servir a los miembros de su propia familia, la Iglesia, su comunidad y aún más allá.

El presidente anterior de la Iglesia, Gordon B. Hinckley lo describió de esta manera cuando habló a una congregación grande de hombres de la Iglesia en octubre de 1995:

“Si cada hombre en esta Iglesia . . .fuera a la Casa del Señor y renovara sus convenios en solemnidad ante Dios y de testigos, seríamos un mejor pueblo.  Habría poco o nada de infidelidad entre nosotros.  El divorcio casi desaparecería.  Muchos de los dolores de cabeza y corazones rotos se evitarían.  Habría una medida más grande de paz, amor y felicidad en nuestros hogares.  Habría menos esposas y niños llorando.  Habría una medida más grande de aprecio y respeto mutuo entre nosotros.  Y confío en que el Señor se sonreiría con más favor sobre nosotros”.

Con todo esto en mente, unos momentos de reflexión debería hacer obvio del por qué los templos no permanecen abiertos al público.  En toda mi vida nunca he escuchado a un miembro de la Iglesia referirse a un templo como “secreto”.  El término a elegir es “sagrado”, y los mormones entienden la diferencia.  Es importante para los Santos de los Últimos Días mantener esa santidad.  Letreros grandes con “visitantes bienvenidos” se pueden ver en nuestras capillas, pero no se encuentran en los templos, a menos que sean de los pocos que tiene un centro para visitantes junto al templo.  En lugar de ser un lugar de visita casual del público, los templos son lugares en donde continuamos un viaje espiritual ya empezado.  Aun cuando no invitamos al público a entrar a un templo, si invitamos a la sensibilidad, comprensión y respeto mutuo para lo sagrado –valores que tristemente están disminuyendo aun en nuestra sociedad religiosa pluralista.

Examinar el Blog

Acerca de: Lea el blog de la Sala de Prensa Mormona de la Iglesia de Jesuscristo de los Santos de los Últimos Días y mantenganse al tanto de los asuntos públicos relacionados con la Iglesia.

Nota sobre la Guía de Estilo: Al publicar noticias o reportajes sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tenga a bien utilizar el nombre completo de la Iglesia la primera vez que la mencione. Para más información sobre el uso del nombre de la Iglesia, visite nuestra Guía de estilo.