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La Libertad Religiosa. Introducción

Salt Lake City, Utah.  Primera parte de una serie de seis artículos sobre la libertad religiosa.

Para muchas personas del mundo hay pocas cosas más preciadas que la libertad. La libertad—el poder de vivir como uno elija—es una de las grandes fuentes de dignidad humana. El ejercerla de manera correcta es también una de las grandes responsabilidades que tienen los seres humanos. Sin embargo, continuamos lidiando con la forma de definir nuestras libertades, de cómo entenderlas, y de cómo se deben cultivar, tanto como moderar. En el centro de estas preguntas podemos encontrar una de las libertades más fundamentales de todas: la libertad de religión.

¿Qué es la libertad de religión?

Contrariamente a lo que algunos puedan suponer, la libertad religiosa no es simplemente acceder a la libertad de culto, o creer en la manera que uno elija, aunque estas son partes esenciales de la misma. Tampoco es sólo para las personas religiosas. La libertad religiosa es una realidad más profunda, más amplia y más importante de lo que muchos creen.

 

En el nivel más básico, esta libertad es el derecho humano de pensar, actuar y expresar lo que uno cree profundamente, de acuerdo con los dictados de su conciencia moral. De hecho, esta clase de  libertad se ​​ha entendido siempre en estrecha relación con "la libertad de conciencia";  esto es,  la autonomía para desarrollar y mantener las convicciones morales y actuar en consecuencia. Así que, mientras la libertad religiosa abarca la voluntad de profesar cualquier religión y en ejercer la devoción correspondiente;  también se extiende mucho más allá de eso; ya que incorpora, asimismo, el derecho de actuar, hablar libremente en público, vivir de acuerdo a los propios principios morales y defender la particular visión moral de la sociedad. La magnitud de la libertad religiosa y su relación con la libertad de conciencia ayuda a explicar por qué la primera es tan importante para todos, no sólo para la gente de fe.

Los Estados Unidos de América tienen una larga y excepcional tradición en lo que se refiere a la libertad de religión, un  poder interpuesto en los documentos originales de la nación y enaltecido por sus fundadores. Consagrada como la libertad por excelencia en la Carta de Derechos de E.U.A., la libertad religiosa es la primera entre otras libertades esenciales, y se la refiere a menudo como la "primera libertad". Se caracteriza de esta manera, ya que posibilita y protege otras libertades humanas, como la de expresión. Es más, la cultura de la libertad y democracia pacífica en los Estados Unidos, surgió en gran parte por su firme respeto a la libertad religiosa. Al igual que los Estados Unidos, muchos otros países también han llegado a reconocer que ésta es una de las más esenciales de las libertades, convirtiéndola en una premisa central de sus propios gobiernos. Las Naciones Unidas, en su Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), y en muchos otros acuerdos desde entonces, ha identificado la libertad religiosa como "un derecho humano fundamental".

 

La libertad religiosa y la sociedad

Este derecho sustancial es indispensable para las diversas sociedades del mundo moderno, donde los derechos e intereses de distintos grupos a menudo entran en conflicto. Debido a que el potencial para la animosidad es mayor cuando las diferencias son más profundas, o donde dominan las mayorías; la libertad de religión es de importancia capital, ya que permite vivir juntos y en paz a las personas de diferente convicción, sobre las más profundas cuestiones de la verdad.  La consideración y prudente estima de esta libertad permite proteger  a todos los grupos e individuos, incluidos los más vulnerables, religiosos o no. Cuando se honra y dignifica la libertad religiosa, ésta contribuye a prevenir la violencia y a mediar en el conflicto. 

 

Las naciones alrededor del mundo que han cultivado la libertad religiosa son testigos fehacientes de sus efectos positivos en la sociedad. Aunque los casos de extremismo religioso han manchado la imagen pública de religión,  los estudiosos cuya vasta preparación muestra de manera consistente que las personas religiosas son de mentalidad más cívica, más generosas y más cordiales que sus contrapartes no religiosas, reconocen que ésta da beneficios vitales que incluyen la armonía y la estabilidad  de las sociedades que la apoyan. Datos empíricos también sugieren que las sociedades religiosamente libres disfrutan de muchos otros beneficios, que incluyen niveles más altos de otras libertades, que aquellos donde la religión es reprimida o está en desventaja. Estos beneficios adicionales son razones suficientes del por qué la religión debe ser libre para florecer en la sociedad[i].

 

Honrar la libertad religiosa no significa descartar otras libertades e intereses sociales, o socavar las bases de la ley; la libertad religiosa coexiste con otros intereses legítimos de la sociedad. El gobierno tiene un rol crítico para garantizar la seguridad pública y para arbitrar el conflicto entre unos derechos y otros. En los Estados Unidos mantenemos una independencia sana entre la iglesia y el estado, aunque no debemos ignorar la influencia moral de la religión en los asuntos públicos de la nación. La libertad religiosa no excluye otros intereses, pero al ser la “primera libertad,” se le debe otorgar el debido respeto.

Los mormones y la libertad religiosa

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tienen mayores razones para reverenciar la libertad religiosa. Debido a su historia, que en ocasiones ha involucrado la persecución religiosa, los mormones guardan  un aprecio especial por la libertad para hablar y vivir de acuerdo con sus convicciones y fe. La libertad religiosa, de hecho, ha sido significativa para ellos  desde el  inicio. El fundador de la Iglesia, José Smith, fue un fuerte y generoso partidario de este principio, y reconoció que era fundamental para todas las partes el corresponder en la defensa de la misma. “Me atrevo a declarar ante el cielo” dijo él, “que estoy igualmente dispuesto a morir defendiendo los derechos de un presbiteriano [sic], un bautista, o un buen hombre de cualquier otra denominación; ya que el mismo principio que denigre los derechos de los Santos de los Últimos Días, igual  escarnecerá  los derechos de los católicos romanos, o de cualquier otra asociación religiosa”.

En una colonia mormona del siglo XIX, José Smith subrayó también la importancia de la libertad de credos  al incluir  un decreto gubernamental que garantizaba la libertad religiosa para los habitantes de todas las creencias. La libertad de conciencia y religión fueron incorporados en el  décimo primer Artículo de Fe de la Iglesia, que a la letra dice: “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen”[ii]. Los mormones están firmemente comprometidos con la libertad religiosa y su protección.

Los crecientes desafíos a la libertad religiosa

La condición de la libertad religiosa y la libertad de conciencia en los Estados Unidos no es tan grave como en otras partes del mundo. Hoy en día, los americanos de fe y conciencia, generalmente no enfrentan la violencia física o coacción que a menudo se vive en otras naciones. Sin embargo, aun en este país, la libertad de religión y conciencia se encuentran en riesgo. Cambios sociales y legales están limitando esta libertad de maneras nuevas e intensamente problemáticas. Los americanos, que por mucho tiempo la habían subestimado, ahora están conscientes de su gran valor.

Los desafíos para la libertad religiosa están surgiendo de muchas fuentes. El emergente apoyo a los derechos de homosexuales amenaza con acotar la libertad religiosa de muchas maneras. Los cambios en los cuidados médicos amenazan los derechos de aquellos que aún mantienen firmes  convicciones morales sobre el inmenso valor de la vida humana. Estos y otros hechos sociales están generando  conflictos y comienzan a imponerse sobre las organizaciones religiosas y las personas de conciencia. Amenazan, por ejemplo, con restringir la manera en que las organizaciones religiosas manejan sus labores y sus propiedades. Están provocando la coacción de universidades, escuelas y entidades sociales afiliadas a una religión. También se manifiestan en reprimendas para los individuos que actúan conforme a sus principios; desde médicos y otros profesionales, hasta padres de familia. En éstas y muchas otras circunstancias, podemos percibir  cómo la libertad religiosa y la de conciencia se desgastan y consumen de manera sutil, pero constante. De igual importancia son las disposiciones jurídicas que surgen  para salvaguardar estas libertades, aunque a menudo son superficiales; ya que protegen estas libertades sólo en un  sentido muy limitado. En muchos aspectos de la vida pública, la libertad religiosa y la de conciencia se ven atraídas  por los mismos conflictos que podrían  eliminarlas

Los requerimientos de la libertad religiosa

Debido a la trascendencia  de estos conflictos y  la controversia que a veces ocasionan, es esencial que todas las partes actúen civilizadamente al negociar estos asuntos sumamente importantes. Esto es lo justo porque las cualidades de la dignidad humana, que forman  parte de la libertad religiosa, también dan derecho a toda persona a ser respetada y a expresar sus puntos de vista. Cada grupo, incluyendo individuos y organizaciones religiosas, es responsable por expresar sus opiniones de manera razonable, a fin de contribuir a una discusión que sea significativa. Como conciudadanos siempre debemos hablar con cortesía y mostrar paciencia, comprensión y empatía hacia aquellos que están en desacuerdo con nosotros. Fomentamos la buena voluntad al mostrarla nosotros mismos[iii].

La libertad religiosa o la “libertad de conciencia,” por mucho tiempo han sido el cimiento de la democracia. De antaño relegada y desestimada, es ahora una inquietud descollante. Existe una gran necesidad de que los americanos—incluyendo a los Santos de los Últimos Días—tornen a familiarizarse con ésta y se comprometan nuevamente con ella. Una sociedad libre, responsable ante  la libertad religiosa y la de conciencia, significa que todos sus miembros conservan una actitud vigilante  al proteger la libertad de otros. El mantener esta libertad, que está entre las más básicas para el ser humano y la armonía que conlleva, es imperativo para todos.



[i] Ver a Robert D. Putnam y David E. Campbell en, American Grace: How Religion Divides and Unites Us (Simon y Schuster, 2010); Brian J. Grim y Roger Finke en, The Price of Freedom Denied: Religious Persecution and Conflict in the Twenty-First Century (Cambridge University Press, 2010).

[ii] Ver LDS Newsroom, “Selected Beliefs and Statements on Religious Freedom of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints”.

[iii] Para más explicación sobre el compromiso de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con el discurso civil, ver LDS Newsroom, “The Mormon Ethic of Civility”.

 

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