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Religión y Libertad

La libertad de religión ha sido, y sigue siendo, una esencial fuerza motora en la gran experiencia de la democracia estadounidense. Desde los inicios de los Estados Unidos; sembrar el principio de libertad religiosa ha traído dos resultados importantes: el rechazo del dogma para seguir imponiendo un "derecho divino de los reyes" y la ruptura en la tradición europea que data de hace mil quinientos  años, en mantener una iglesia creada por el estado [1]. Y con ello, se instauró  la herencia de un gobierno propio, por no hablar de las diversas congregaciones; las cuales, aun con esto, ninguna podía tener la libertad de religión: bautistas, católicos, judíos, mormones y otros han enfrentado, en un momento u otro, el prejuicio abierto y serios intentos por reducir sus libertades (a veces procedentes de los mismos miembros de su iglesia).

Con todo esto, mirando hacia atrás sobre la extensa narración de la historia americana religiosa y la experiencia adquirida, el principio de la libertad religiosa se está imponiendo. El respeto a la libertad de religión ha traído una notable pluralidad y autonomía de pensamiento religioso en América. Entre las diversas tradiciones religiosas en los Estados Unidos hoy en día, la Encuesta Pew del panorama religioso en EE.UU.,  ha identificado más de cien denominaciones diferentes en  la que esta  intensa experiencia religiosa se halla unida a la apatía y la no afiliación religiosa. Las tradiciones de fe establecidas desde hace tiempo existen en conjunto con las nuevas y emergentes. Por otra parte, una buena porción de los feligreses es migratoria. El estudio de Pew encontró que más de una cuarta parte de los adultos estadounidenses han "abandonado la fe en la que fueron criados, a favor de otra religión;  o bien, de ninguna religión en absoluto"
Sin embargo, nos llevamos relativamente bien y nos las arreglamos para vivir con nuestras diferencias. De hecho, vivir en paz con nuestras más profundas divergencias  es necesario en nuestra sociedad pluralista, y la libertad religiosa es un ejemplo de cómo hacerlo. Es una lección en la que realmente uno no puede dejar de vivir sin ella y seguir siendo fieles a nuestros ideales nacionales.
Esto se debe a que la libertad religiosa ofrece lo que es esencialmente una "red" de libertad. Se trata de una red, ya que cada iglesia y la congregación en todo este país está interconectada por las mismas leyes y derechos constitucionales para creer, expresarse y actuar de acuerdo con sus doctrinas. Una reducción de esos derechos en Alabama, necesariamente afectará los derechos de un creyente o la iglesia en Washington. Corta una raíz lejana y todo el árbol se verá afectado.
Pero esta red o interconexión, hace más que proteger las creencias religiosas. La práctica establecida de la libertad de religión, las lecciones y los hábitos que hemos aprendido de esto, conserva y sostiene la misma libertad de conciencia para cualquier individuo, grupo o asociación para creer, expresarse y actuar.
Esto sucede  porque el mantener  esta amplia libertad en una sociedad pluralista como la nuestra, incluso para aquellos con quienes naturalmente no estamos de acuerdo,  se convierte en una poderosa influencia y protección contra cualquier fuerza singular exclusiva; o en una  condición  que pudiera limitar la libertad: libertad de conciencia para los protestantes, católicos, musulmanes, judíos y todos aquellos que se protegen contra el arbitrario autoritarismo y la desigualdad abusiva secular o religiosa, liberal o conservadora.
Thomas Jefferson lo expresó de esta manera: "Corresponde a cada hombre que valora la libertad de conciencia de sí mismo, resistir las invasiones de la misma en el caso de los demás,  que por el cambio de circunstancias, se convierten en la suya".  

Esta es una de las grandes ventajas de nuestra experiencia nacional con la libertad religiosa, que va más allá de la religión y las iglesias. Estamos preparados y experimentados en nuestra historia y cultura contra la autocracia. El mantener esta "red" de libertad religiosa es, en cierto modo, nuestra manera de rechazar el "derecho divino de los reyes" en el siglo 21.  Estas libertades, religiosas y seculares__ nos recuerda el Élder Dallin H. Oaks de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días __, debe necesariamente "ser calificada como responsabilidad del gobierno para proteger la salud y la seguridad de todos".
No es sin propósito o intención el que la libertad de religión sea el primer derecho garantizado en la Primera Enmienda. Esta es la lección y la experiencia de la libertad religiosa. Ciertamente, no es exagerado llamarla  "nuestra primera libertad".

[1] Ver Robert Booth Fowler, Allen D. Hertzke, Laura R. Olsen, Kevin R. Den Dulk, Religion and Politics in America, Faith, Culture and Strategic Choices (pp.2-4)

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